Lo que determina nuestras acciones: La teoría de las fuerzas

Lo que determina nuestras acciones: La teoría de las fuerzas

Las fuerzas que nos mueven

Nuestras acciones están determinadas por el conjunto de fuerzas que actúan sobre nosotros en un momento dado. Estas pueden ser de dos tipos:

Fuerzas impulsoras

Son aquellas que nos impulsan a tomar acción. Todo aquello que nos motive a actuar o que aumente las posibilidades de que lo hagamos, puede ser considerado una fuerza impulsora.

Fuerzas represoras

Son aquellas que se oponen a la acción o la dificultan. Todo aquello que nos desmotive a actuar o que disminuya nuestras probabilidades de tomar una determinada acción, puede considerarse una fuerza represora. Son todo lo que “te echa para atrás”.

Misma dirección, sentido contrario

Las fuerzas impulsoras y las represoras se oponen entre sí, por lo que aquel tipo de fuerzas que “pueda más”, decidirá nuestra tendencia a actuar o a no hacerlo.

Haciendo un símil con la física, es como si las fuerzas impulsoras fueran de signo positivo y las represoras de signo negativo.

Si la suma de todas las fuerzas da positivo, tenderemos a actuar, y si da negativo, a no hacerlo. Matemáticamente, podría expresarse así:

FI>0 ; FR<0

Caso 1: FI+FR>0. Tenderemos a tomar acción.

Caso 2: FI+FR<0. Tenderemos a no tomar acción.

Cuando queremos romper la tendencia

Cuando hablamos de tendencia nos referimos a lo que haríamos si nos dejásemos llevar. No obstante, en muchas ocasiones nos resistimos a la tendencia, ya sea para hacer algo o para no hacerlo.

Cuando el balance de fuerzas es negativo, sentimos que nos cuesta tomar acción. Cuánto más negativo sea el balance, más esfuerzo nos costará compensarlo. Matemáticamente hablando, si el balance de fuerzas es negativo (las fuerzas represoras pueden más que las impulsoras), para actuar tendremos que aplicar nosotros una fuerza que convierta el balance en positivo. Aquí es dónde entra en juego nuestra fuerza de voluntad.

También tenemos que recurrir a ella cuando el balance de fuerzas es positivo y no queremos hacer algo. Entonces utilizamos nuestra fuerza de voluntad para resistir la tentación. Por ejemplo, de comer un dulce.

Sin embargo, está comprobado que nuestra fuerza de voluntad es limitada y que “se gasta”. Lo que en la práctica se traduce en que a menudo no podremos compensar el balance sirviéndonos únicamente de nuestra fuerza de voluntad y haremos bien en modificar las fuerzas que actúan sobre nosotros.

Es importante aclarar que…

Aunque este proceso ocurre en todo momento, es especialmente relevante cuando se trata de acciones que se salen de la norma (de nuestra norma), y que por tanto, no estamos acostumbrados a tomar (o nunca hemos hecho algo similar).

No obstante, normalmente podemos elegir entre varias líneas de acción, por lo que aquella que elegiremos será aquella cuya suma de fuerzas sea mayor.

Fuerzas externas e internas

Las fuerzas, además de clasificarse en impulsoras y represoras, también pueden ser externas o internas.

Las fuerzas externas serían aquellas que son producto del entorno (dónde estás, tiempo que hace, con quién estás, presión social…) y las internas aquellas generadas por la propia persona (tus emociones, tu grado de motivación, tu estado físico…). Tanto las fuerzas externas como internas son subjetivas en el sentido de que a cada persona le afecta de forma diferente cada fuerza en cada situación.

El contexto importa

Cabe mencionar que estas fuerzas deben considerarse en una situación concreta en la que nos debatimos entre tomar una acción o no.

Ya que, como pudiste leer en este artículo, no es que el contexto en el que tomamos ciertas acciones importe, sino que es determinante. Por lo tanto, consideremos las siguientes situaciones a modo de ejemplos y veamos las fuerzas que podrían actuar en cada una de ellas.

Ejemplos de situaciones en las que nos debatimos entre actuar o no

  1. Comprar o no un ordenador.
  2. Ir o no al gimnasio
  3. Acercarte o no a hablar con una persona que te gusta.

En las dos primeras situaciones consideraremos los siguientes aspectos:

  • El contexto (elegido de forma arbitraria ya que podría ser cualquiera)
  • Las fuerzas impulsoras y represoras que podrían actuar y su valor numérico elegido arbitrariamente
  • El balance total de fuerzas y las consecuencias que éste tiene.

Situación 1. Comprar o no un ordenador.

Contexto

Pongamos que estás mirando ordenadores por internet porque quieres comprarte uno y de repente ves uno que te llama la atención. Ves sus prestaciones y te parecen magníficas, sin embargo, el precio también es elevado. Lees valoraciones y todo el mundo comenta que está genial y que merece totalmente la pena. Además, estás cansad@ porque es tarde y has tenido un día muy ajetreado.

Fuerzas

  • Ganas de comprar el ordenador por sus magníficas prestaciones (FI); 5
  • Precio elevado (FR); -5
  • Valoraciones positivas (FI); 2

FI=5+2= 7

FR= -5

Balance y conclusiones

FR+FI=7-5=2>0.

El balance de fuerzas es positivo, por lo que sientes la tentación de comprarte el ordenador.

Aunque el elevado precio te echa para atrás, las buenas prestaciones que tiene lo compensan y las valoraciones positivas te acaban de convencer.

Como estás cansad@, lo más seguro es que te lo compres ya que no te queda mucha fuerza de voluntad para resistir a la tentación de hacerlo.

Situación 2. Ir o no al gimnasio

Contexto

Es domingo. Ayer decidiste que hoy ibas a ir al gimnasio. Quieres ir porque te habías propuesto entrenar 4 veces por semana y te queda 1. Sin embargo, resulta que el amigo con el que ibas a ir no va porque prefiere tomarse unas cañas y te invita a unirte. A ti te entusiasma la idea, pero sabes que no deberías ir.

Fuerzas

  • Tu compromiso contigo mismo (FI); 4
  • Tu amigo no vendría contigo (FR); -2
  • Ganas de tomarte unas cañas (FR) ; -3

FI=4

FR= -2-3= -5

Balance y conclusiones

FI+FR=4-5= -1

El balance de fuerzas es negativo, por lo que te cuesta ir al gimnasio.

Aunque tu compromiso contigo mismo es fuerte, que tu amigo no vaya contigo y la oportunidad de ir a tomar unas cañas te echa para atrás.

Que vayas o no dependerá de si haces acopio de fuerza de voluntad o si te dejas llevar por tus impulsos.

Situación 3. Acercarte o no a hablar con una persona que te gusta.

En las dos situaciones anteriores hemos analizado un ejemplo de las fuerzas que podrían actuar en un contexto dado y las posibles consecuencias.

En esta última analizaremos las fuerzas que más podrían influir en nuestra acción independientemente del contexto.

Fuerzas que podrían actuar en esta situación

Externas

-Presión social: Percibir que no está bien aceptado socialmente en ese entorno puede actuar como fuerza represora, así como que uno o varios colegas te animen a hacerlo puede actuar como fuerza impulsora.

-Personas con las que estás: No es lo mismo si estás solo, con tus amigos de toda la vida, con tus padres, con tu abuela o con tu primo de tres años. Tu compañía puede dificultarte o facilitarte la acción.

-Lugar dónde os encontráis: Seguramente te resulte más fácil hacerlo si estás en un entorno social que si estás en misa o haciendo un examen.

-Qué está haciendo la otra persona y con quién está: Por ejemplo, si es una chica, puede que si está sola o con alguna te cueste menos acercarte. Al igual que puede que el hecho de que esté con su padre o con un machote que bien podría ser su novio te eche para atrás.

Internas

-Estado emocional: Estar tenso, angustiado o desmotivado podría actuar como fuerza represora, mientras que si estás pasándotelo bien, inspirado y relajado seguramente experimentes mayor impulso a hacerlo.

-Grado de deseo: ¿Sólamente te gusta un poco esa persona o te pone a cien y no puedes quitártela de la cabeza? ¿Cuántas ganas del 1 al 10 tienes de conocerla?

-Miedos e inseguridades: ¿Qué grado de peligro asocia tu mente inconsciente a la acción? ¿Temes que te rechace, cagarla o hacer el ridículo?

Cómo poner el balance de fuerzas a nuestro favor

Según el contexto de la situación, actuarían unas fuerzas u otras, y según la persona, éstas tendrían un efecto u otro en ella.

Aunque tenemos un control directo o indirecto sobre varias de estas fuerzas, otras escapan de nuestra área de influencia. Para poner el balance de fuerzas a nuestro favor, habrá que actuar sobre las primeras tratando de reducir el efecto de las fuerzas represoras y de aumentar el de las impulsoras. No obstante, esto es un trabajo muy complejo.

Por lo tanto, nuestro objetivo será actuar únicamente sobre aquella fuerza que haga innecesaria la acción sobre las demás. En otras palabras, resolver la objección, es decir, aquello que, en última instancia, impide que tomes acción. No hace falta que hagas estimaciones ni cálculos matemáticos, sólo tienes que saber responder a esta pregunta:

  • ¿Cuál es esa fuerza que si alterase, cambiaría el balance de fuerzas a mi favor? 

Pueden ser varias, pero quédate con aquella sobre la cuál tu índice de influencia en ese momento sea mayor. Vamos, sobre la que te resulte más fácil actuar.

Siguiendo el ejemplo, puede que lo logres explotando más tu deseo, o cambiando tu estado emocional. En otros casos, también puedes realizar cambios previos en tu entorno para que el balance de fuerzas para una determinada acción actúe en tu favor. Si tu objetivo es perder peso, un ejemplo sería eliminar todos aquellos estímulos de tu entorno que puedan complicarte la tarea. A esta estrategia se le conoce como preactuar y es tan demoledora que se merece un artículo aparte.

Lo importante es que te haya quedado que tus acciones están determinadas por las fuerzas que actúan sobre ti en un momento dado, fuerzas que pueden ser impulsoras o represoras, y sobre muchas de las cuales puedes actuar, a corto o a largo plazo. Así pues, si modificas esas fuerzas, modificarás tus acciones, y si modificas tus acciones, acabarás modificando tu vida. No subestimes su poder.

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