Por qué no eres capaz de tomar las acciones que te propones

Por qué no eres capaz de tomar las acciones que te propones

Cuando nos proponemos tomar acciones diferentes o incómodas y luego no cumplimos con ellas nos suele invadir un sentimiento de culpa y de arrepentimiento. ¿Te ha pasado? A mí también. De hecho, me sigue pasando. Sin embargo, puede que en algunos casos no seamos culpables de ello. Para entenderlo mejor, es necesario hacer una distinción. No hacerla te puede llevar a una espiral de incomprensión y culpabilidad muy destructiva.

Simplificándolo mucho, las acciones nuevas que nos proponemos tomar pueden ser de dos tipos dependiendo del contexto y del control que tengamos sobre ellas: Acciones deliberadas o acciones espontáneas.

Acciones deliberadas

Son aquellas que meditamos y tomamos consciente y deliberadamente en un entorno que suele ser favorable o conocido. Por ejemplo, si nunca has ido al gimnasio y hoy decides ir sí o sí, nada te impedirá preparar tus cosas y ponerte en camino. Lo mismo si desde desde la comodidad de tu sofá decides llamar a tu jefe para pedirle que te suba el sueldo.

Ambas acciones son incómodas, pero si te lo propones las llevarás a cabo porque tú tienes el control. Y lo tienes porque la acción la inicias dentro de tu zona cómoda, sin ningún tipo de presiones ni de peligros. Por lo que en el caso de que no lleves a cabo este tipo de acciones sí que tienes toda la responsabilidad.

Acciones espontáneas

Son aquellas que tenemos que tomar en piloto automático. Nos tienen que «salir» porque no tenemos tiempo para ejecutarlas deliberadamente.

Esto ocurre porque en el momento de tomarlas nos encontramos en un entorno en el que no tenemos el control total de la situación. Ya sea por la avalancha de estímulos que recibe nuestra mente subconsciente, porque percibe que se encuentra en un entorno hostil o por el efecto de la presión social.

Siguiendo con el ejemplo del gimnasio, pongamos que te propones, una vez allí, entablar una conversación con la primera persona atractiva que veas (recuerda que es la primera vez que vas). Desde tu casa quizás te parezca sencillo, pero una vez allí, las cosas se ven de otra manera.

Por qué es muy probable que no las lleves a cabo

Si es algo que no has hecho nunca o que no sueles hacer, lo más seguro es que no lo hagas. ¿La razón? Es algo que te tiene que «salir».Por lo que si no estás habituado a ello no te va a salir de forma natural, menos aún si estás en un entorno desconocido.

Con el ejemplo de la llamada pasa lo mismo. Pongamos que te propones decirle a tu jefe que, o te sube el sueldo la cantidad que le pides, o dejas el trabajo. Sin embargo, acabas aceptando una subida más baja de la que querías. Y luego, cuando descuelgas el teléfono y lo piensas fríamente, te arrepientes.

Cuando te propones este tipo de acciones tienes pocas probabilidades de llevarlas a cabo. La razón es que tu mente subconsciente tiende a evitar cualquier acción nueva o desconocida. Esto es porque la percibe potencialmente peligrosa, aunque no lo sea. Por es cuando estás en piloto automático tiendes a hacer las cosas de la forma en la que estás acostumbrado. Vuelves a casa por el mismo sitio, te lavas los dientes de la misma forma, coges el móvil en los mismos momentos, te duchas a la misma hora… ¿Hace falta seguir?

Dicho de otra manera, tomar cualquier acción que se salga de nuestra rutina exige realizar un esfuerzo consciente. Vamos, que no te va a salir de forma espontánea.

¿Quién tiene el control?

La principal diferencia entre estos dos tipos de acciones es que en las deliberadas tú tienes el control y en las espontáneas lo tiene tu mente subconsciente (al menos casi todo). Por supuesto, eso no quiere decir que no puedas llevarlas a cabo, pero las posibilidades que tienes de hacerlo son mucho menores.

Piensa en esas veces que has perdido el control y has hecho algo de lo que luego te has arrepentido. Pues esto es lo mismo, sólo que no se trata de lo que has hecho, sino de lo que no has hecho.

No obstante, como en ninguno de los casos anteriores estabas en control, no debes sentirte culpable por ello. Es como sentirte culpable por lo que sueñas, ¿Verdad que no tiene ningún sentido?

Sin embargo, una vez has recuperado el control, sí que tienes la responsabilidad de tratar de arreglarlo o de hacer algo al respecto. Si ya no puedes hacer nada para cambiarlo, siempre podrás hacer algo para compensarlo.

Cómo ganar control sobre las acciones espontáneas

Quizás no tengas control total sobre las acciones mismas, pero sí que puedes crear las condiciones necesarias para que te salgan de forma natural. Aunque se trata de aumentar todo lo posible las probabilidades de éxito, el objetivo último es hacerlas inevitables. Para conseguirlo, puedes seguir estos 3 pasos:

  1. Preactuar
  2. Condicionar a tu subconsciente
  3. Dar un empujoncito

1)Preactuar

Se trata de hacer cambios previos y deliberados en tu entorno para que te induzca, te impulse o te obligue a tomar acción.

En el ejemplo del jefe, podrías comunicarle a tus compañeros de trabajo, a tus amigos y a tu familia tu decisión. Esta presión social hará que tu mente subconsciente asocie mayor dolor al hecho de incumplir tu promesa y quedar mal ante la gente que al de enfrentarte a tu jefe.

En el ejemplo de hablarle a la primera persona atractiva que te veas en el gimnasio, podrías comprometerte a no hacer ningún ejercicio hasta que lo hagas. Quedarte parado sin hacer nada te resultará más incómodo que cumplir con tu objetivo.

Hay infinitas formas de preactuar, mi consejo es que busques aquellas que mejor se adapten cada situación. En muchas ocasiones, con este paso es suficiente, pero para asegurarnos, vayamos con el segundo.

2)Condicionar a tu subconsciente

En este caso consiste en hackear momentáneamente tu estado emocional de manera que la acción que deseas realizar se convierta en una consecuencia natural de éste. Hay muchas formas de hacerlo, aquí te pongo algunas de mis preferidas:

Hazte dueño de tu diálogo interno

Elige conscientemente qué te dices y cómo te lo dices para generarte un estado emocional que te impulse a tomar acción. Si quieres profundizar sobre el tema y descubrir cómo transformar tu diálogo interno en tu mayor aliado, he dedicado un artículo entero a profundizar sobre este tema: Cómo convertir tu diálogo interno en tu mayor aliado

Toma el control de tu fisiología

Decide cómo te quieres sentir (relajado, activo, serio, poderoso, alegre…) y actúa como si ya te sintieses así.

Móntate tu película interior

Tienes en tu mente el mejor programa de edición de películas del mundo. Diseña la tuya. Hay tantas cosas que puedes hacer que decirte alguna sería insultar a tu creatividad. Eso sí, implica todos los sentidos que puedas.

Modela a alguien que te inspire 

Piensa en alguien que te evoque emociones intensas o que sea un crack en ese tipo de situaciones y actúa como si fueses esa persona.

Imprímate en esa dirección

Básicamente se trata de tomar microacciones que te lleven hacia el estado que quieres experimentar. En el ejemplo de hablar con la primera chica atractiva que veas en el gimnasio podrías tratar de hablar con toda la gente que puedas por el camino.

Practica la visualización y el ensayo mental

Visualízate llevando a cabo con éxito esa acción que te has propuesto. Vive todo el proceso varias veces en tu mente antes de que ocurra en la realidad. Hazlo con todo lujo de detalles. Imagina todas las posibles situaciones y dificultades que se puedan dar, y cómo podrías afrontarlas si ocurriesen. Piensa en cómo podrían reaccionar otras personas y cómo deberías reaccionar tú ante su reacción. Que nada te pille por sorpresa. Practica frente al espejo si hace falta.

3)Date un empujoncito

Aunque si has hecho correctamente todo lo anterior lo más seguro es que la acción que deseas tomar te salga «sola», de forma espontánea, hazlo de todas formas. Da ese primer paso para ganar inercia. A veces lo único que necesitas es un pequeño empujón. No te lo pienses, cuesta mucho más pensarlo que hacerlo.

Muchas veces con seguir uno de estos 3 pasos lograrás hacerlo. Pero si quieres que te salga de forma inevitable te recomiendo seguir los tres.

¿Y tú? ¿Cuál es esa acción espontánea que nunca consigues realizar? Cuéntamelo en los comentarios.

Tu opinión me importa, ¡no te vayas de aquí sin dejar un comentario!