Cómo actuar a pesar de tus emociones

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Cómo actuar a pesar de tus emociones

¿Somos esclavos de nuestras emociones?

Las áreas de tu cerebro responsables de tus emociones son inconscientes, por lo que no tienes un control directo sobre ellas. Aunque puedes hacer muchas cosas para tomar control de tu estado emocional y reinterpretar lo que sientes, a menudo tus emociones se pondrán en tu contra.

No obstante, aunque pueda parecer que nuestras emociones determinan nuestras acciones, no es así. Es cierto que nuestras emociones condicionan nuestras acciones, pero en la mayoría de los casos no las determinan. Sin embargo, la mayoría de la gente se comporta como si fuera esclava de sus emociones. Pero está demostrado que nuestras acciones pueden ser independientes de nuestras emociones.

¿Acaso los lunes por la mañana cuando suena tu despertador tienes ganas de levantarte? Si es tu caso, enhorabuena. Pero si no lo es, lo más normal es que te levantes igualmente, aunque no te apetezca en absoluto. A pesar de que reventarías tu despertador, te aguantas las ganas y te levantas, porque sabes que es lo que toca. Es cierto que la motivación te impulsa a actuar, pero también es cierto que puedes actuar sin motivación. 

Te voy a poner mi ejemplo. Hoy he estado todo el día haciendo senderismo en la montaña. ¿Crees que cuando he llegado a casa me apetecía ponerme a escribir? Te puedo asegurar que no. Pero me he puesto a escribir a pesar de no tener ganas de hacerlo.

¿No puedes sobreponerte a tus emociones?

Espero haberte convencido de que tus acciones pueden ser independientes de tus emociones. No obstante, a veces la fuerza represora de tus emociones es tan poderosa que resulta una tarea casi imposible sobreponerse a ellas. En esos casos, a no ser que hayas desarrollado una fuerza de voluntad de acero, lo más normal es que tus emociones te acaben arrastrando. Y lo más seguro es que el lugar a dónde te lleven te resulte muy conocido. Sí, tu zona de confort.

Como evolucionó en un entorno hostil, tu mente no quiere que salgas de ella. Por eso te suministra emociones paralizantes, para mantenerte a salvo de los posibles peligros del exterior. Sin embargo, lo que quieres suele encuentrarse al otro lado de tu zona de confort. Y tu mente va a hacer todo lo posible para convencerte de que no merece la pena luchar por ello. Así que tendrás que actuar a pesar de tus emociones. ¿Cómo? Sigue leyendo.

Desvincúlate de tu identidad

Al fin y al cabo, el objetivo de tus emociones paralizadoras es protegerte de los potenciales peligros que se encuentren fuera de tu zona de confort. Por lo que, si logras ponerte en tercera persona o asumir el autoconcepto de alguien que está preparado de sobra para enfrentarse a ellos, tus emociones dejarán de sabotearte. Así pues, desvincularte de tu identidad y de tus emociones es la mejor forma para reducir el impacto que tienen sobre ti. A continuación te presentaré 3 estrategias mentales que te ayudarán a conseguirlo. Puedes combinarlas o elegir la que más te guste.

1. Ponte en la piel de un robot

Si algo diferencia a los robots de los humanos es que no tienen emociones, que no sienten. Y no, no te estoy diciendo que te vuelvas un psicópata, pero, ¿Acaso un robot siente miedo o pereza a la hora de tomar alguna acción? No, simplemente ejecuta.

Dejarte llevar por tus emociones y apetencias del momento es el camino más rápido hacia el fracaso. Hay veces que tendrás que ser más frío, más calculador, que tendrás ejecutar los pasos de tu plan independientemente de cómo te sientas o de si te apetece o no.

Cuando tienes claro qué tienes que hacer para conseguir lo que quieres, ya sea completar una tarea, lograr resultados o mejorar una habilidad, tan sólo tienes que hacerlo.

Da igual cómo te sientas, si sabes qué es lo mejor que puedes hacer, simplemente hazlo. Imagina que eres un robot al que le han asignado una tarea y tiene que completarla. Olvídate por un momento de quién eres y de cómo te sientes. Desvincúlate de tu identidad y de tus emociones. No juzgues. Sólo ejecuta. 

2. Tómate la vida como un videojuego

Concíbete como el jugador de un videojuego que no se vincula emocionalmente con el personaje, sino que tan sólo dirige sus acciones. Al jugador se la lo mismo lo que sienta el personaje, si se siente motivado o confiado, se está cagando encima, le da pereza o no le apetece actuar. Simplemente da órdenes y el personaje ejecuta. Haz tú lo mismo. Sé tú tanto ese jugador como ese personaje.

Obsérvate en tercera persona, desde la perspectiva del jugador que controla al personaje. Pero no te identifiques ni con el personaje. Desde fuera, decide cuál es la mejor línea de acción que puedes tomar. Una vez lo tengas claro, ejecútala sin pensar, como si te estuviesen controlando, como si se tratase de un videojuego. Tómatelo así, como un videojuego. No le des más importancia de la que le darías a uno. Porque tu vida puede convertirse en el mejor videojuego del mundo si tú así lo decides.

Si, desde la comodidad de tu habitación, pudieses controlar con un mando las acciones de tu personaje (tú), ¿Qué cosas le harías hacer? ¿Cómo le harías actuar si tú no tuvieses que lidiar con las consecuencias de sus actos? Pues déjame decirte que la realidad es mucho mejor que eso. Ya que, tú controlas tus acciones y eres ese personaje. Y si tomas la línea de acción más congruente con la persona en la que te quieres convertir, sólo tendrás que lidiar con consecuencias positivas. Tu vida es el mejor videojuego posible. Tienes dos opciones: La primera, dejar el piloto automático y ver cómo se las apaña tu personaje. La segunda, coger los mandos y empezar a divertirte.

3. Créate un alter ego

Se trata de crearse un personaje u otra versión de ti mismo que pueda acometer hazañas de las que tú no serías capaz. Al ponerte en la piel de otra persona, consigues transformar temporalmente tu autoconcepto, lo que te da acceso a una mayor confianza y a otros aspectos de tu personalidad que no conocías. Por eso cuando te disfrazas en Halloween o en Carnaval pierdes toda la vergüenza y puedes hacer cosas que habitualmente no harías.

Puede ser una persona a la que te gustaría parecerte, un personaje de película o de videojuego, o uno totalmente inventado por ti. Las únicas condiciones son que debe tener un nombre y que debes tener una imagen más o menos clara de él, de sus cualidades y de su personalidad.

Cuanto más te metas en el papel, más efectiva resultará esta técnica. Y por supuesto, cuanto más practiques, más te meterás en el papel. ¿Si los actores pueden hacerlo, por qué no vas a poder hacerlo tú?

 

 

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