La falsa concepción que te impide crear nuevos hábitos

La falsa concepción que te impide crear nuevos hábitos

¿Te cuesta demasiado esfuerzo crear nuevos hábitos? Descubre qué son los hábitos, cómo se forman y las mejores estrategias para crearlos según la ciencia.


Miles de artículos de autoayuda exaltan el poder de los hábitos y muchos libros sobre el tema se convierten en bestsellers. Sin embargo, como ocurre con muchos temas de psicología popular, la sabiduría convencional acerca de la efectividad y aplicación de los hábitos está en muchos casos obsoleta, no funciona o simplemente es errónea. Está claro que crear hábitos de la forma correcta para cambiar nuestro comportamiento puede ser una increíble herramienta para mejorar nuestra vida, pero falsas nociones sobre qué son los hábitos y qué pueden hacer por nosotros pueden resultar contraproducentes.

La idea de crear hábitos resulta muy atractiva. La noción popular de que las tareas pueden automatizarse nos hace creer que llevarlas a cabo no nos costará ningún esfuerzo. ¿No sería la ostia si pudieses crear un hábito de todos esas tareas tediosas como hacer ejercicio, escribir, llevar un negocio o llevar a cabo tareas domésticas y automatizarlas por completo? Lamentablemente, no puedes. Los hábitos no funcionan de esa manera.

¿Qué son los hábitos?

Según el doctor Benjamin Gardner, un reconocido investigador sobre los hábitos del King’s College de Londres, los hábitos funcionan generando un impulso para llevar a cabo un comportamiento requiriendo poco o ningún pensamiento consciente. Los hábitos son un tipo de aprendizaje. Al crear hábitos, nuestro cerebro nos permite poner nuestra atención en otras cosas mientras los llevamos a cabo.

De niño, tenías que acordarte de lavarte las manos después de ir al baño. Al principio, tenías que poner tu atención en todo el proceso: encender el grifo para mojarte las manos, apagarlo, echarte jabón en las manos, restregártelo y lavarte las manos con agua de nuevo. De adulto, lo haces automáticamente (o eso espero) y puedes pensar en otras cosas mientras tanto.

Solo algunos comportamientos pueden convertirse en hábitos

Por definición, aquellos comportamientos que requieren concentración o esfuerzo consciente, no son hábitos. Por eso no deberíamos tratar de convertir en un hábito una tarea que nunca podría serlo. Si lo hacemos, la decepción es lo único que nos espera.

Cuando fracasamos al crear hábitos, tendemos a culparnos a nosotros mismos, en lugar de culpar a los malos consejos que leemos de alguien que no entiende realmente qué y qué no puede convertirse en un hábito.

Si comportamientos que requieren atención consciente, como limpiar tu habitación, entrenar o escribir a diario no son hábitos, ¿Qué son entonces? Son rutinas. Una rutina es una secuencia de acciones seguida regularmente. Por lo tanto, los hábitos son un tipo de rutinas, pero no todas las rutinas se convierten en hábitos.

¿Qué es la motivación?

Años atrás se pensaba que el principio de placer de Sigmund Freud era la base de la motivación humana. Él propuso la idea de que nuestro comportamiento está motivado por el deseo de buscar placer y de huir del dolor. Años más tarde, conductistas como Skinner popularizaron la idea de que son los refuerzos y castigos lo que dirige nuestro comportamiento.

No obstante, ahora sabemos que la motivación no está dirigida por el placer y el dolor. Más bien, en términos neurológicos, la motivación es el deseo de escapar de la incomodidad. Todo comportamiento humano, incluso el deseo de hacer algo placentero, está en realidad impulsado por el dolor. A esto se le llama respuesta homeostática.

Cuando tenemos frío, nos abrigamos. Cuando tenemos hambre, comemos. Cuando estamos cachondos, follamos. Bueno, no siempre. ¿Nos provoca placer sentir calor de nuevo, comer o tener sexo? Por supuesto. Pero ese sentimiento placentero viene después de que hayamos sido impulsados a la acción por esa sensación incómoda que nos ha llevado hacia ella.

La misma regla aplica a la incomodidad psicológica. Cuando nos sentimos solos, aburridos o inseguros, hacemos algo para acabar con esas emociones. Quizá llamemos a un amigo o abramos instagram para aliviar el sentimiento de soledad o encendamos la televisión si estamos aburridos. Todo porque buscamos escapar de esas sensaciones incómodas.

La diferencia entre hábitos y rutinas

Si todo comportamiento está impulsado por la incomodidad, entonces hábitos y rutinas deberán seguir el mismo patrón. Cómo y cuándo sentimos la incomodidad que nos lleva a hacer o no hacer algo es clave para entender la diferencia entre hábitos y rutinas.

Cuando procrastinamos, nos decimos a nosotros mismos que dejaremos la tarea para más tarde. Hacer esto es un gran indicador de que la tarea es una rutina y no es precisamente una buena candidata crear un hábito. Al contrario de una rutina, que nos cuesta llevarla a cabo, en el caso de un hábito, lo que nos cuesta es no hacerlo.

Imagina que vas a lavarte las manos y el agua de repente se corta. Si ya lo has hecho un hábito, no poder llevarlo a cabo te hará sentir incómodo.

Mientras que nos sentimos incómodos cuando no podemos llevar a cabo un hábito, con las rutinas ocurre exactamente lo contrario. Esta es la razón por la que la gente tiene problemas por confundir los hábitos con las rutinas. Esperan poder llevar a cabo rutinas sin esfuerzo, mientras que lo único fácil de las rutinas es lo fácil que resulta saltárselas.

Cómo se forman los hábitos

Algunos libros de autoayuda defienden que los hábitos se forman simplemente añadiendo una recompensa tras un comportamiento que desencadena una señal. Según la tradición conductista, basan sus afirmaciones en investigaciones que muestran cómo un animal de laboratorio, como un ratón, puede ser enseñado a memorizar un camino en un laberinto en busca de comida. Sin embargo, mientras esta forma de aprendizaje, llamada condicionamiento operante, funciona bien para un ratón en un laberinto, a menudo este modelo se aplica erróneamente en humanos en el mundo real.

El condicionamiento operante puede ser efectivo cuando un científico pone a unos sujetos a completar una tarea en un laboratorio. Sin embargo, en la vida, afortunadamente no estamos atrapados en jaulas y laberintos, tenemos que moderar nuestro propio comportamiento. Debemos ser científicos intentando diseñar nuestras propias acciones. Ofrecernos a nosotros mismos recompensas extrínsecas hace bastante difícil condicionar nuestro propio comportamiento. Puede ser increíblemente difícil resistir la tentación. Definiendo premios arbitrarios nos arriesgamos a poner demasiado énfasis en completar el objetivo únicamente por la recompensa, en lugar de aprender a disfrutar del proceso.

Cómo crear nuevos hábitos

Empieza por una rutina

Antes de nada debemos aceptar que solo algunos tipos de comportamientos pueden convertirse en hábitos, y que otros nunca lo harán. Solo entonces podemos tomar el primer paso para cambiar nuestros comportamientos habituales. Para aquellas acciones que pueden convertirse en hábitos, podemos empezar transformándolas en rutinas. Tan pronto como sepamos la diferencia entre un hábito (un comportamiento que requiere poco o ningún esfuerzo consciente) y una rutina (una serie de acciones seguidas regularmente) podemos planificar nuestra estrategia de acuerdo a ello y evitar fracasar en nuestro objetivo.

Bloquea tiempo

Puesto que no podemos contar con que las rutinas ocurran de forma automática como lo hacen los hábitos, necesitamos asegurarnos de bloquear tiempo para ellas. No sirve simplemente con tener una lista de tareas.

Definir una «intención de implementación», que no es más que una forma elegante de decir que planificarás qué vas a hacer y cuándo lo vas a hacer, ha demostrado multiplicar la probabilidad de llevarlo a cabo (estudio). Si no reservas tiempo para tu nueva rutina, lo más probable es que nunca la completes.

Abraza la incomodidad y el esfuerzo

Es importante tener claro que aprender y llevar a cabo repetidamente un nuevo comportamiento requiere esfuerzo. Espera esa la incomodidad y sé consciente de que tendrás que enfrentarte a ella. Una vez lo seas, puedes aprender técnicas para tratar con la incomodidad de la manera adecuada.

Por ejemplo, puedes aprender a reimaginar la dificultad de una forma positiva contándote una historia diferente a ti mismo. Por ejemplo, en lugar de enfocarte en lo duro que puede ser escribir, estudiar o entrenar cada día, empieza a ver la dificultad como un reto que hace la actividad más estimulante.

La percepción es cuestión de la perspectiva, no de la rutina, puedes elegir reinterpretar la incomodidad y el esfuerzo como algo positivo. Recuerda que mucha gente ha aprendido a disfrutar de aquello que a ti tanto te cuesta hacer. Si ellos lo pueden ver de otra manera, ¿Por qué no vas a poder tú?

Utiliza intenciones de implementación

Antes de que un comportamiento pueda convertirse en un hábito, necesita convertirse en una rutina llevada a cabo regularmente. Pero dado el esfuerzo que pueden requerir, es demasiado fácil saltárselas. Por suerte, las intenciones de implementación son una gran estrategia para asegurarte de que finalmente haces lo que dices que vas a hacer.

Hazlo bien

Aceptando que no podrás lograr todos tus objetivos mediante hábitos que no requieren esfuerzo, aumentas tus posibilidades de éxito. Sólo si se trata de un comportamiento que requiere poco o ningún esfuerzo consciente, la rutina puede convertirse en un hábito con el tiempo.

Es importante recordar que no debes intentar convertir tareas o actividades complicadas en hábitos. Hacerlo solo te llevará a la frustración y al fracaso. En lugar de ello, acepta que está bien que algunos comportamientos seguirán siendo solo rutinas y no esperes nunca que dejen de requerir esfuerzo. Enfocándote en construir rutinas sólidas mediante los pasos mencionados arriba, tendrás más posibilidades de ser fiel a lo que es importante para ti, mientras que aumentas las de que algunas rutinas se acaben transformando en hábitos.

2 comentarios

  1. Segundo dice:

    Excelente artículo. Gracias por compartir sus conocimientos.
    Saludos desde Perú.

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