El sesgo pesimista y los miedos que provoca

El sesgo pesimista y los miedos que provoca

Descubriendo el sesgo pesimista

Nuestro sesgo pesimista representa nuestra tendencia a centrarnos en todo aquello que puede salir mal, como que hagamos el ridículo, que nos rechacen, equivocarnos, fracasar, etc. A diferencia del sesgo optimista, el sesgo pesimista se activa cuando se trata de amenazas más leves, que no ponen en peligro nuestra supervivencia, pero que sí afectan a nuestro ego.

Función

Este sesgo evolucionó con nosotros desde tiempos ancestrales, y lo hizo porque cumplía una función: evitar situaciones nuevas (potencialmente peligrosas) y que nos metamos en líos.

En la actualidad, este sesgo nos permite evitar enfrentarnos a situaciones incómodas y tener que pasar un mal trago. No obstante, se trata de una ilusión, pues el mal trago que evitas pasar ahora seguramente lo tengas que pagar con creces en el futuro.

También funciona como mecanismo de defensa ante posibles decepciones y desilusiones.

Consecuencias

Sin embargo, hoy en día este pesimismo tiene más inconvenientes que ventajas. Sin ir más lejos, es la fuente de la que beben muchos de nuestros miedos.

1. Miedo a lo desconocido.

Al anticipar todo lo que puede salir mal al afrontar situaciones nuevas o incómodas, preferimos evitarlas sistemáticamente.

Por ejemplo, imagina que se te presenta la oportunidad de trabajar en el extranjero. Puede que tu sesgo pesimista te convenza de no aceptarla con pensamientos del tipo: «no voy a saber adaptarme», «me sentiré muy sólo», «seguro que me echan y lo pierdo todo».

Sin embargo, ignoramos las consecuencias de quedarnos en nuestra zona cómoda, que hoy en día son mucho peores que las de tomar riesgos. Si quieres saber mi método para salir de ella disfrutando del proceso, en este artículo te lo explico.

2. Miedo a equivocarse o a fracasar.

¿Y si lo hago mal? ¿Y si me equivoco? ¿Y si luego me arrepiento? ¿Y si no lo consigo? Son algunas de las preguntas que nos bombardean la cabeza antes de intentar algo. Nuestro sesgo pesimista nos hace exagerar las consecuencias negativas de equivocarnos o fracasar, haciendo que ni siquiera lo intentemos.

Desde situaciones tan tontas como levantar la mano para responder en clase hasta otras como elegir una carrera o emprender.

Por ejemplo, pongamos que quieres montar tu propio negocio. Sin embargo, tu sesgo pesimista te hace centrarte en todo lo que pueda salir mal (se van a reír de mí, no me va a comprar nadie, me voy a arruinar…) y te autoconvences de que no merece la pena. Como resultado, continúas  trabajando en algo que no te gusta ganando lo mínimo para seguir adelante.

Para superar el miedo al fracaso, sigue estos 3 pasos:

  1. Acepta el peor resultado posible
  2. Agradece el peor resultado posible
  3. Trabaja para conseguir el mejor resultado posible

3. Miedo a la pérdida.

No soportamos perder. Está en nuestros genes. Compara las siguientes situaciones. ¿Cuál preferirías?

  • Jugar a un juego cara o cruz en el que si sale cara ganas 100 euros y si sale cruz, pierdes 90.
  • Ganar 10 euros.

Aunque en ambas el valor esperado es el mismo, si eres como la mayoría de la gente, prefirirías la segunda. ¿La razón?

El dolor que asociamos a las pérdidas es mucho mayor que el placer que asociamos a las ganancias. Tendemos a centrarnos más en todo lo que podemos perder que en todo lo que podemos ganar. Es un hecho. Preferimos quedarnos como estamos que arriesgarnos a quedarnos peor.

No obstante, ignoramos que todo lo que dejamos de ganar en realidad lo estamos perdiendo. ¿Cuántas cosas estás perdiendo por miedo a perder?

Cómo combatirlo

La solución no es pensar que todo saldrá bien y que nada malo puede ocurrirnos. Entonces estaríamos cayendo en el sesgo optimista, igualmente peligroso.

Para acabar con un problema hay que atacar su causa, no los síntomas. Y la causa del sesgo pesimista es que centramos nuestra atención en todo lo que puede salir mal. Por lo tanto, el objetivo será conseguir centrar nuestra atención en todo lo que puede salir bien, pero sin ignorar lo que puede salir mal.

Lo sé, parece obvio. Y que sea sencillo no quiere decir que sea fácil. Esto no se consigue de un día para otro. Como cualquier hábito, requiere repetición y al principio te costará más esfuerzo.

Así pues, la próxima vez que veas que se activa tu sesgo pesimista, toma control de tu diálogo interno y enfócate en todo lo que pueda salir bien.

Ahora te toca a ti. ¿Se te ocurre alguna otra forma de combatir el sesgo pesimista? ¿Y de explotarlo para que resulte potenciador? No nos prives de tu comentario.

 

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