La ley de la realidad dominante: Cómo tus creencias afectan a cómo te perciben los demás

La ley de la realidad dominante: Cómo tus creencias afectan a cómo te perciben los demás

La Ley de la Realidad Dominante

¿Qué es?

La Ley de la Realidad Dominante enuncia que cuando dos o más personas interactúan entre sí, aquella con creencias más fuertes y mayor habilidad para comunicarlas tenderá a arrastrar a los demás hacia su realidad. Aunque en este artículo nos referiremos a ella como una ley, en realidad se trata de una tendencia esculpida durante miles de años de evolución. 

¿Nunca te ha pasado que al ver a alguien muy convencido de algo tú empezaste a pensar cómo él? ¿O que has llegado a dudar de algo de lo que estabas seguro sólo porque otra persona parecía convencidísimo de lo que dice?

A mí me ha pasado muchas veces, y estoy seguro de que a ti también. En esos casos por tu cabeza empiezan a pasar pensamientos como «¿Será verdad lo que dice?», «si está tan seguro, será por algo», «¿Y si me estoy equivocando?».

No obstante, puesto que este proceso tiene lugar a un nivel inconsciente, no nos solemos dar cuenta de él. Eso lo hace todavía más poderoso.

¿Cuándo y cómo se cumple?

La Ley de la Realidad Dominante se cumple principalmente cuando se trata de creencias sobre realidades subjetivas. Es decir, realidades que son percibidas (o interpretadas) de forma diferente por cada persona. Ponte en el lugar de tu cerebro, que a partir de la información que le llega por los sentidos tiene que construir tu realidad interna para que puedas relacionarte correctamente con el entorno que te rodea. Si ya es suficiente complejo para tu cerebro adivinar qué es lo que hay ahí fuera, o lo que es lo mismo, percibir las realidades objetivas, ¡Imagina cómo será adivinar las subjetivas, que sólo existen en la mente de otras personas! A tu cerebro no le queda otra que «buscar pistas» en el comportamiento de otras personas. En definitiva, se trata un proceso perceptual y cognitivo realmente complejo que tiene lugar automáticamente en todo momento. 

Por eso, realidades subjetivas como lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo deseable y lo indeseable o lo atractivo y lo repulsivo, pueden ser alteradas o incluso determinadas por la ley de la realidad dominante. Si la realidad de otra persona o grupo es más fuerte que la nuestra, es muy probable que nos veamos arrastrados a ella, sin ni siquiera darnos cuenta.

Por ejemplo, si una persona está convencidísima de que es extremadamente atractiva, es altamente probable que los demás le perciban de esa manera. ¿Porque desprende una energía mística y especial? No. Porque sus comportamiento y actitud así nos lo indican. ¿A que te ha pasado que una persona que en un principio no te parecía nada atractiva te lo acaba pareciendo al ver que todo te indica que estabas equivocado?  La culpa la tiene la ley de la realidad dominante.

Otro ejemplo muy claro es el de la altura. Como se trata de una realidad objetiva, por mucho que logres convencerte de que eres alto, si tu estatura está muy por debajo de la media la forma en la que te percibirán los demás no cambiará nada. 

El poder de tus creencias

Esta ley demuestra el increíble poder que tus creencias tienen sobre los demás, y no digamos ya, sobre ti mismo. En esta parte me centraré en las creencias que forman tu autoconcepto, es decir, en aquellas que tienes sobre ti mismo.

Si tus creencias sobre ti mismo te potencian, esta ley jugará a tu favor. Pero son limitantes, lo hará en tu contra puesto que los demás te percibirán de forma similar a como te percibes tú.

Por eso, es fundamental que seas tú el que elijas qué creencias sobre ti mismo quieres desarrollar y cuáles no. Si no lo haces, es muy probable que las creencias que forman tu autoconcepto por defecto te lastren.

¿Quieres que los demás te perciban como alguien valiente y atrevido? Convéncete a ti mismo de que eres esa clase de persona.

Cómo cambiar tus creencias sobre ti mismo 

Para convencerte a ti mismo necesitas cambiar tus creencias sumergidas. Créeme, no es nada fácil hacerlo, ya que suelen estar bien arraigadas en tu subconsciente. Y a tu mente inconsciente no se le convence con palabras, sino con hechos. Así que por muchas afirmaciones que hagas, tus creencias sumergidas se mantendrán intactas, además de provocar una fuerte disonancia cognitiva.

No obstante, los hechos difícilmente aparecerán si no empiezas a cambiar tu creencia primero. ¿Entonces, cómo podemos convencernos a nosotros mismos? He aquí la respuesta:

No es ver para creer, es creer para ver. Y para creer, hacer.

Vayamos por partes. Para empezar, no vas a ver una realidad si no crees en ella primero. Por ejemplo, si crees que eres un negado para los deportes, difícilmente vas a hacerlo bien cuando intentes practicar uno. A esto se le conoce como la profecía autocumplida. O si no crees que puedas gustarle a la persona que te gusta, no vas a poder sacar a tu versión más atractiva cuando estés con ella.

Si quieres desarrollar una creencia, debes buscar razones convincentes para ti que la sustenten. Es decir, hacerte dueño de tu atención e interpretación para ver únicamente motivos por los cuales eso es cierto.

Pero, por otra parte, no vas a creer en algo si tus tus acciones te demuestran todo lo contrario. Así, si crees que no puedes gustarle a una persona, vas a comportarte de manera poco atractiva cuando estés con ella, lo que reforzará tu creencia de que no puedes gustarle. ¿Ves el círculo vicioso?

¿La solución? Además de buscar razones por las cuales puedes gustarle, también debes desarrollar cualidades que te hagan atractivo frente a esa clase de personas.

Si quieres cambiar una creencia sumergida sobre ti mismo, debes responder a la siguiente pregunta:

¿Por qué soy así? 

Tanto en tu mente como en la vida real.

Vas a buscar y a CREAR razones por las cuales eres así, con el objetivo último de convertirte en esa clase de persona. Pero mientras tanto…

Haz como si la fueras hasta que la seas y haz como si lo sintieras, hasta que lo sientas

En otras palabras, actúa como si ya contases con la creencia que quieres desarrollar. Pregúntate cómo actuarías si estuvieras convencidísimo de ello. Si te resulta difícil tomar ciertas acciones, este artículo te puede ayudar.

Gracias a la búsqueda de coherencia interna de tu mente, si eres congruente con el autoconcepto que quieres desarrollar, a tu mente inconsciente no le quedará otra que ir transformándolo para que tus acciones estén en consonancia con tus creencias. Si quieres profundizar en este mecanismo, echa un vistazo a mi artículo sobre la disonancia cognitiva.

No obstante, puede que al principio te sientas un impostor. Pero recuerda esto: No estás fingiendo, te estás construyendo. Estás caminando hacia lo que has elegido. Así que métete en el papel. Con un poco de práctica, te acabará saliendo de forma natural.

Si quieres que otros te perciban de una forma, actúa como si estuvieses convencido de que eres así.

De esta manera, irás poco a poco transformando tus creencias sumergidas sobre ti mismo y podrás influir en cómo te perciben otras personas. Recuerda: Si tú te lo crees es mucho más probable que otros lo perciban.

Cómo persuadir y convencer a los demás

Ya has aprendido a cambiar tus creencias sobre ti mismo, y así influir en cómo te perciben los demás. Pero, ¿Qué ocurre cuando lo que quieres es convencer a otras personas para que simplemente crean lo que les dices?

Entonces no basta con convencerte a ti mismo de que tienes la razón, sino que debes saber comunicarlo. Incluso una persona que sabe que está mintiendo pero que tiene una gran habilidad para comunicar y persuadir a los demás puede resultar más convincente. ¡Acabas de descubrir el secreto de los políticos!

Esto se puede expresar con una ecuación matemática:

Capacidad de influencia = Fuerza de tu creencia × Habilidad para comunicarla

Cómo comunicar de forma convincente a los demás

Aunque se podrían escribir (y se escriben) cientos de libros al respecto, yo diría que los dos puntos más importantes son los siguientes.

1. Comunica desde la emoción.

No basta con que sepas o creas que tienes razón, debes sentirlo (o hacer como si lo sintieras). La ley del contagio emocional dice que cuando estás experimentando emociones intensas tiendes a transmitirlas a las personas de tu entorno. Así pues, si lo sientes a un nivel profundo,  se lo harás sentir a los demás.

Así pues, céntrate en asociar emociones intensas a tu creencia y a tu comunicación. Si lo consigues, será más probable que logres transmitírselas a los demás. Y si todavía no lo sientes, haz como si lo sintieras, hasta que lo sientas.

2. Procura que tu lenguaje tanto verbal como no verbal sea congruente con la creencia que quieres transmitir.

Obviamente, si tú estás convencido de ello te va a resultar más fácil transmitirlo hacia a los demás. Lo estés o no, trata de ser lo más expresivo posible y de acompañar tus palabras de gestos y movimientos que denoten seguridad y confianza en ellas. 

¿Te ha gustado el artículo? ¿Cómo quieres que te perciban los demás? ¿Te percibes tú de esa manera? Comparte tu opinión y tu experiencia en los comentarios. Estaré encantado de responderte.

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2 comentarios

  1. Isaac Coello dice:

    Gracias, Me encanto el artículo. buen blog, un muy buen resumen de Psicología del éxito. fuera bueno que también resumieran el de Apocalipsex 🙂

    • Julio Kan dice:

      Muchas gracias Isaac! Me alegro de que te haya gustado el artículo y el resumen de Psicología del Éxito. En cuanto al resumen de Apocalípsex, no tengo pensado resumirlo porque, primero, no me he leído el libro, y segundo, se sale de la temática del blog. No obstante, no descarto que si me lo leo lo resuma para los suscriptores de la lista de correo . ¡Me alegra mucho tener otro netkaizeneka entre mis lectores!

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